Y es que a veces hay días en que nada me inspira nada, siento que debo hacer muchas cosas en primer lugar cumplir con mis obligaciones ir a chambear, estudiar, pagar mis deudas y después de eso darme el tiempo para hacer lo que realmente considero necesario para mi, físicamente, mentalmente y espiritualmente; levantarme temprano, salir a caminar, respirar mi tranquilidad o patinar hasta sentir mi cuerpo totalmente empapado de sudor, observar todo lo que esta a mi alrededor y quedarme pegada con algo que me llame la atención mientras me siento en cualquier lugar a descansar, salir a divertirme con mis amigos, leer algún libro que sienta que guarda mas que una narración entre sus hojas o fotografiar y fotografiar sin cansarme la mayoría de las veces el día se rinde ante mi se agota volviéndose noche y yo me quedo sin entender como es que no siento el tiempo en mi cuando tengo la cámara en mi mano y dejándome en sepia las últimas horas de la noche me resigno a volver a casa con esa interrogante quemando intensamente debajo de mi superficie. Y es que es eso, por esta ves busco fotografiar algo que signifique algo para alguien, no se .. quiero fotografiar la fe ciega o el invierno desvaneciéndose o un momento de claridad que haga despertar a alguien y sienta que puede liberarse de esos barrotes mentales y que tengan algo en que creer otra vez que piense que hay esperanza que el mundo no es tan solo ese lugar aterrador por el que nos tenemos que cuidar todo el tiempo, hay mas que eso y no es difícil descubrirlo eso seria suficiente para mi, seria mas que suficiente quisiera fotografiar esa sensación pero aun no puedo.
Camine tanto que decidí sentarme a descansar ya que siempre me alejo de la ciudad para buscar algo mas que el suspiro que la paz me da cuando escapo de los ruidos punzantes y el smog liméño que envenena aun mas mis pulmones dejándolos como corchos añejos, supe que tenía que encontrar algo en el lugar del que siempre pretendo escapar y sin querer llegue al centro de Lima con mi mochila en la espalda me senté en la plaza San Martín con los ánimos en mis talones con los ojos a media asta y solo atine a sacar mi pucho y observar a mi alrededor con las escasas ganas que las horas me quitaban, a la primera persona que vi fue a la anciana que vendía chicles cigarrillos y caramelos y la recordé, lleva mucho tiempo allí y probablemente continúe hasta el final de sus días, vi pasar a un pareja de enamorados casi de la misma edad que la mía y extrañé mucho por un instante sentir esa calidez de un abrazo sin la necesidad de pedirlo luego pasaron intempestivamente 2 niños corriendo delante mio me quede colgada por un rato viéndolos jugar a las chapadas jalándose bruscamente las casacas atropellando a todo aquel que se les cruzaba se les veía tan felices tan ligeros algunos los miraban y soltaban una que otra requintada hasta que apareció una señora gritando sus nombres y llevándoselos a cada uno de un brazo riñéndolos por ser así por ser tan despreocupados por ser tan libres por ser tan niños, a esa edad no importa mucho lo que diga el resto prohibirle a un niño que juegue libremente lo creo tan incoherente que empiezo a buscar dentro de mi a la niña que llevo dentro y dejarla salir cada ves que quiera porque aun quiere jugar y sentir esa ligereza tan contagiosa que ya a pocos importa. Los vi alejarse con su madre hasta que los perdí por completo entre tanta gente y es cuando vi desde esa misma lejanía una mujer dentro del ruido de la ciudad el trafico y los gestos que los hombres y mujeres hacían cuando la miraban emanaba de ella una gran luz no sabía con exactitud que era, solo se que no podía dejar de mirarla saque mi cámara y empece a enfocar hasta que paso por delante mio y ni siquiera se percato de mi presencia caminaba mirando un punto fijo miraba la nada parecía no importarle lo que sucedía a su alrededor los hombres le daban un espacio a cada paso que daba las mujeres en cambio hacían muecas viéndose aun mas opacadas por su luz, cruzaba la pista sin el menor cuidado solo caminaba hipnotizada a un lugar, a su lugar y es cuando decidí seguirla. Caminé tras sus pasos largos y pausados sabía que encontraría esa sensación que buscaba no en ella ni en el lugar que la esperaba sino en su gran luz.